viernes, 1 de mayo de 2020

que paso?

me siento algo aturdida. No sé si escribir, pensar. Camino por la casa, intentando unir cabos sueltos, me siento y miro el techo en la búsqueda de un sentido.
Por qué llegamos a esto? Por qué lo odio tanto? será cierto, que lo odio?
Solo tengo algo claro, que me miro y dijo: no quiero estar contigo, si quiero estar con mis hijos.
Alguna vez pensé, que el desamor podía también pasar a ellos, pues es un padre bastante convencional, acostumbrado a que la mujer hace y él observa. Luego de la separación, algunas cosas mejoraron. Pero mi tolerancia bajo a cero, por lo que no soporto ni las mas mínima expresión de falta de respeto a mis hijos. Ya que en él siempre vi muchas, simplemente tomaba el celular y se conectaba con un mundo (para mi) inexistente, con personas lejanas o amigos de red, una especie de cariño cibernético que no entiendo. Y mi niñito, mirando, intentando robar un mirada de inquietud o de interés. Esa escena me quebraba en rabia y amargura, sentimientos que me guardaba para evitar la discusión y el enfrentamiento. Es difícil cuando alguien cree que lo hace excelente y esto no refleja la realidad.
Tal vez esos sentimientos se almacenaron en mí, como costras que se rompen y sanan, hasta hacerse viciosas.
Cuando me dijo que ya no queria estar conmigo, mas bien, cuando yo tuve que extraer lo que no queria decir. Pero que era evidente, porque su maltrato verbal era evidente y agotador. No logré dimensionar la profundidad de su sentimiento.
Con el tiempo, he llegado a pensar y a entender que es un sentimiento que arrastra por años.
Y que puede explicar muchos cambios, y tristezas almacenadas como pareja.
Quizás yo también queria separarme de él, pues si lo pienso, no lo amo. Pero cómo llegamos a esto. Eso es mas complejo de entender. Es como hurguetear en un baúl con papeles viejos, los leo todos, pero están desordenados y no comprendo.
Temo arrastrar la personalidad de mi madre, y sus defectos. Su boca, uf! cuál volcán con lava ardiente. De lengua hiriente, mordaz, asesina. Incapaz de tolerar los defectos de los demás, sin refregarlos en la cara, como reflejo de tu incapacidad.
Seré yo, tan parecida a ella?
Me asusta, de solo pensarlo.
Yo a ella la quiero, pero me resulta a ratos insoportable. Es de una lealtad inquebrantable, capaz de dejar todo de lado por apoyarte y darte un mano. Es lejos, la persona más apañadora que conozco pero también la más dura y estricta.
No quiero seguir esos pasos, pero me veo siendo así. Temible.
No puedo permitir que su voz en mi mente, me domine. Ni que los genes me gobiernen, porque yo tuve su ejemplo principalmente; mi papá no fue muy participativo, pero tenía otro carácter. Que si lo defino con la voz de mi padre, sería: egoísta, a su manera, poco dispuesto, desinteresado, y un millar de defectos del estilo.
Pero para mí, él es paciente, tranquilo, moderado, agradable, cariñoso, bueno escuchando y conversando de la vida. Es muy centrado en su mundo, su trabajo y sus intereses, pero eso lo puedo comprender. Por eso, yo me acerco y comparto. Ya no lo recrimino por eso. Lo acepto.

Y es que en mí, debe haber algo de él, que ablanda ese volcán heredado y esa lengua punzante.
Eso me lleva a pensar, que hay en Jaime que me irrita. Él me recuerda a sus padres, personas que no me desagradan en absoluto, que aprendí a aceptar y tolerar con cariño, admiración y respeto. Pero que evidentemente el fantasma de esta personalidad heredada, me hace enjuiciarlos por sus defectos.
La madre de Jaime es dura al momento de querer, no es una mujer que alivie o contenga emociones ajenas, por el contrario, ella no se vincula. Se mantiene al margen y tampoco se involucra. Recuerdo cómo ha sido cuando Jaime la ha necesitado, pues no importa cuando adulto se sea, el abrazo de una madre es consuelo y fuerza.
Ella, no se entrega con amor, a las personas. Pues en sus palabras siempre hay rencor por el agradecimiento no recibido, aunque le hayan agradecido. Siento que ella quiere algún tipo de lealtad mortal, como un pacto. Y al no recibirlo, las personas le fallan y les guarda rencor.
El amor es tiempo, y darlo es esclavizarse a las necesidades de otro. De pronto es oportunista, pues aprovecha lo que los demás le dan, y ella se da a los demás de forma restringida y de acuerdo a su voluntad, tiempo y espacio. En eso, mi padre se parece bastante, y yo me acostumbre. Lo necesito de igual forma.
Lo anterior, lo mezcla con un defecto que en lo personal, me irrita profundamente, la acumulación de cosas. El deseo y apego enfermo a las cosas materiales. Eso deriva en suciedad, acumulación, temor a dejar la casa, etc.
El padre de Jaime, es un hombre muy inmaduro emocionalmente, quizás hasta algo desadaptado o desubicado. Con un sentido del humor incómodo, incapaz de comprender la trascendencia de sus decisiones o sus acciones. Lo he visto hablar de su matrimonio actual y pasado de una manera, casi infantil. Incluso una vez lo escuche decir, que él no entendía porqué se separaron. Pese a que mi suegra podía hablar horas de los momentos en que él no la acompañó, de lo poco que se involucro en la formación de una familia y de cientos de acciones que los llevaron a la separación.
Creo que puedo ver esos defectos en Jaime, la inmadurez emocional y la incapacidad de involucrarse, fueron para mi, lo que socavo el amor y me hizo hiriente y mordaz. No me justifico, solo trato de entender, porque lo hice.
Pensé que escribiría sobre las virtudes y cualidades de Jaime, pero mi ánimo se expresó de otra forma. Y me resulta más facil ver lo que odio de él, que lo que amo.
Y si debo sincerarme, yo rece por esta separación mucho tiempo, sin decirlo. Fui el gran creador de todo. Yo quería a Jaime, muchísimo, lo sé porque recuerdo ese sentimiento. Amar es como tener el cuerpo arropadito, tomar leche tibia con miel, es algo tibio y hermoso.
Pero el amor que tenía por él se fue mellando, por su acciones. Cuando esperaba un aliado, un compañero y un amigo, solo encontré aire, vacío.
Yo siempre me sentí su compañera, leal, apañadora, colaboradora, dispuesta. Mis prioridades fueron él y sus necesidades, cuando comenzó su empresa.
Lo veía esforzarse, y buscaba la forma de estar con él, de apoyarlo. En todo, en lo que sabía y en lo que no, dispuesta a aprenderlo y ayudarlo. Sentía que teníamos una alianza, que éramos equipo. Me sentía plena.
Trabajábamos juntos, mientras crecía Domingo. Yo me entregue mas a la crianza, y él me apoyo. Me sentí muy favorecida y agradecida de que me diera la oportunidad de cuidar a mi hijo.
Mi dedicación a Domingo, fue distanciándonos. No quiero ser injusta en mis recuerdos, pues lo conversamos varias veces. Pero para mí su exigencia era desproporcionada, yo me dedicaba a mi hijo completamente porque me necesitaba, sentía que era lo que debía hacer. Y él, por otra parte, no se involucraba en tareas paternales, dejando una gran responsabilidad a mi.
Cuando Domingo tenía más de dos años, le comenté que quería tener otro hijo. Si bien no se negó, tampoco dijo "uy! que felicidad", al contrario me dijo que entendía mis razones de no dejar solo a Domingo, pero que para él con su hijo era suficiente. Aceptó y me embarace casi de inmediato. Pero lo perdí a las 12 semanas. Fue difícil, y quizás el comienzo de nuestro distanciamiento extremo.
Mis oraciones y pensamiento de separarme se instalaron, y luego de cada discusión, en mi mente se alojaba la idea de divorciarme. Para distraer los verdaderos problemas pensaba en el divorcio como solución (que ilusa), y revisaba en mi mente, como podríamos distribuir bienes y organizar las cosas.
Jaime me desilusionaba, su distancia física (sexual) y emocional, como marido y padre, me mataban lentamente. Solíamos preguntarnos, "si no tenemos sexo no hay problema porque nos queremos, verdad?" Así pasaban semanas y meses. El siguiente embarazo fue complejo, gran parte del tiempo estuve en reposo, y bajo el cuidado de todos. Con Jaime no estabamos bien, peleabamos, yo estaba triste. Tratando de mantener la calma para no perder ese bebé.
Tengo un recuerdo triste, yo estaba en el sillón conversando con él, porque no me gustaba la relación que teníamos. Él decía que yo vivía pendiente de Domingo, que no lo pescaba, que no lo escuchaba, reconociendo que su exigencia era mezquina y errada, la mantenía. Pues me decía, que no era correcto que él exigiera eso, porque obvio yo tenia que estar con mi hijo; pero luego insistía en que yo no le prestaba atención. Yo le decía que él se atenía a que yo hiciera todo, y eso me cansaba. Pero en ese momento, una cuestión mayor me daba vueltas, y me tenía triste. Jaime no tocaba mi barriga de embarazada, no le hablaba a la guagua, era como si yo no estuviera embarazada.
Recuerdo que me sentía pésimo, porque era una carga para todos. Yo no podía cuidar a Domingo y eso me amargaba. Sumado al reposo y la actitud de Jaime, me sentía realmente mal. Me avergonzaba ver televisión, mientras todos hacían quehaceres.
En esa oportunidad que discutíamos con Jaime, yo le reclamaba porque no tocaba la guatita y le hablaba a la guagua. Él dijo dos frases que me marcaron y generaron rencor: que no sentía ningún afecto por la guagua, que él no sentía apego por ese bebé; y lo segundo, lo dijo mientras discutíamos: "que no me alterara, porque le podía pasar algo y yo le echaría la culpa a él"
Creo que ese momento ya era crítico, y no supimos enfrentarlo. Nuestra distancia era evidente. Y el nacimiento de mi hija, no nos unió, tampoco su hospitalización.
Quizás todo comenzó ahí.




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